ALFABETIZACIÓN LITERARIA
Una de las funciones del nivel inicial es promover el contacto
de los niños con diverso material literario de calidad, adecuado a las
necesidades e intereses propios de la edad, considerando cuestiones de estilo,
de estética y de diseño. Puede ser simple y rico como las nanas o las rondas, o
de diferente complejidad como los cuentos, las obras de teatro o las novelas.
Estas últimas resultan una buena propuesta para plantear la continuidad de una
situación de lectura: ya que la lectura de un capítulo por día, o con la
frecuencia que se acuerde con los niños, promueve en ellos el ansia por seguir
escuchando la historia y la necesidad de que el docente continúe leyendo.
Es imprescindible que los docentes hagan propio el mundo de la
literatura, que vivan con avidez el encuentro con los textos de determinado
autor, que elijan a sus favoritos, que conozcan sus temas, recursos y estilos.
Así podrá hablarles de él a sus alumnos, compararlo con otros autores para
vivir y transmitir “la riqueza, la amplitud de sentidos, la posibilidad de
resonancias.
En nuestras conversaciones con lectores y considerando además la postura
de algunos especialistas, podemos decir que la relación Literatura infantil /
Alfabetización ha tenido históricamente algunas tensiones o problemas que tiene
que ver con:
- El
didactismo: dar de leer textos literarios para finalmente enseñar una
consonante, una vocal, una construcción sintáctica, un tipo de palabra.
Las aplicaciones siempre previstas a posteriori de la lectura y la
ausencia de un leer por leer, suelen obturar el espacio creador donde
normalmente fluyen las mayores posibilidades alfabetizadoras.
- La
mirada moralizante puesta en los textos literarios: dar de leer un texto
literario para acompañar la alfabetización de una moralización donde sea
posible inculcar determinados valores canonizados y a veces culturalmente
segmentados a partir del relato que ofrece un texto literario.
- La
mirada piscológica-evolutiva que define una Literatura infantil por
edades, ajustada fuertemente a criterios evolutivos, temas posibles y por
ende, cierra el corpus a esta lógica y no explora las posibilidades de
comprensión de cada lector ni sus ocasiones de lectura en compañía de un
par más experimentado. En este sentido juega un papel fundamental la
concepción de infancia de la cual se parta y las disposiciones o los
obstáculos que cada institución tenga para ingresar en el tratamiento de temas
complejos en la primera infancia: muerte, divorcio, enfermedades,
etc.
- La
cristalización de un corpus reducido y fragmentado de lecturas,
supuestamente preparadas para poder ingresar con mayor facilidad en las
rutinas previstas por los diferentes métodos alfabetizadores. Los procesos
de fragmentación del texto literario para acomodarse a una actividad
alfabetizadora en nada contribuyen a la formación de un lector.
- La
ausencia total de espacios de lectura literaria, una especie de dejar
hacer donde el docente, por asumir una postura supuestamente democrática y
abierta, no propone, ni genera ni instaura espacios lectores sistemáticos,
cuestión que resulta altamente compleja e injusta para los chicos y chicas
que no han tenido escasos accesos previos y que por ello no tienen
incorporada la necesidad de la lectura y sus momentos. Esta postura
profundiza las brechas.
- Los
supuestos de la inmersión literaria que dan por sentado que quienes
acceden tempranamente a la Literatura infantil pueden alfabetizarse en un
proceso de inmersión lingüística en los textos. Resulta claro que estas
inmersiones tempranas dejan profundos aprendizajes pero no es posible
confundirlas con un proceso de alfabetización sistemático y pautado que
debe generar y acompañar el docente oportunamente.
- Alfabetizadores
que no son mediadores de libros: si el docente que lleva adelante el
proceso alfabetizador se sitúa sólo como un “tecnócrata de palabras” cuyo
oficio pasa por enseñar un código siguiendo rutas estandarizadas, es
posible que los alumnos aprendan a codificar pero no descubran la pasión
por los libros. En este sentido Literatura infantil y alfabetización van
por caminos desarticulados.
- Una
industria editorial creciente que estructura la literatura por edades,
colores, etapas sin tener en cuenta las trayectorias lectoras y sus
complejidades. Cuando estos postulados son retomados en la escuela sin
mediaciones críticas, el docente pierde el tutelaje como mediador y en
este sentido el acceso a los textos es más un acto de consumo que de
creatividad y alfabetización.


Comentarios
Publicar un comentario